dimecres, 19 d’agost de 2009

¿Te das cuenta que todas mis cartas son para ti?


Nunca he ansiado tanto no olvidar unos días como lo que me pasó esa semana. Aún ahora intento recordar cada palabra de nuestras conversaciones, asumiendo el riesgo, que considero mínimo, de que se me olviden mil cosas más. Porqué, no sé porqué, me enorgullecía que la gente que nos cruzábamos por la calle pensase que éramos más de lo que en realidad éramos. Que entre nosotros existía una complicidad que no había, pero que igual, en algún momento, hubiese existido. Pero no existió, porqué tú te fuiste, y ya no había vuelta atrás y yo estaba intentando llorar en ese bus rojo pensando en que no te vería más, mientras llegaba tarde a trabajar y mientras recordaba que no había mirado atrás cuando entré en el autobús y que cuando me senté y miré tú ya no estabas.

dilluns, 16 de febrer de 2009

Instrucciones para no echar de menos

A veces, no hay dolor más fuerte que el no causado, el no sentido y el no vivido. Entonces, es cuando uno se da cuenta de que lo que hace daño no es el sufrimiento, sino el vacío. El hueco de las conversaciones nunca habladas cuando sin esperarlo te viene a la memoria un recuerdo. El espacio sin rellenar de ese beso no dado, que estás seguro que sabe a menta o a fresa o a mango, con una cantidad de saliva justa y respiración acompasada.

A veces es un hueco de abrazo el que se siente. Notas como un regazo vacío te rodea. Algo que debería estar y no está, y que duele. Un desarrebujo del alma.

Comienzas a pensar y te das cuenta de que eres puro hueco, agujero negro en estado puro. Un queso gruyere de sentimientos, caricias, dedos, susurros, sueños, vivencias, risas. Y por cada espacio se derrama un dolor o se te clava una aguja..., y duele. Es por esto que, aún a sabiendas de lo imperfecta de mi aspiración, voy a intentar escribirme/te unas instrucciones a seguir para, al menos intentar, no echar tanto de menos:

1.- Queda terminantemente prohibido escuchar canciones de amor o con letras mínimamente sensibles. Aunque, ¿realmente, eso importa? Estoy segura de que si escuchara una canción cuyo tema principal es que al protagonista le parta un rayo, imaginaría su preciosa cabeza, tan llena de ideas, tan sonriente, tan, tan, tan suya..., encantadoramente partida. Conclusión: queda terminantemente prohibido cualquier tipo de música.

2.- No leer nada que te recuerde a la persona en cuestión. Por supuesto, ni se te ocurra ojear algo de lo que tu cariño te ha escrito en un arranque de amor. Olvida también a Neruda y demás canciones desesperadas..., pero no creas que así vas a conseguir estar totalmente a salvo, no..., sigue alerta. El subconsciente es muy sagaz, buscará la manera de llevarte a algo que en algún momento te comentó..., quizá la reproducción de la araña gigante senegalesa o cómo superar las alergias a los gatos de angora..., no bajes la guardia. Creo, pues, que ante esta disyuntiva, lo mejor para eso es, directamente, no leer.

3.- Cuando vayas a preparar comida o a encargarla en un restaurante, recuerda no pedir nada que hayáis comido juntos en alguna ocasión, o de lo que él / ella te ha comentado que le gusta especialmente. También es importante, aunque te parezca una tontería, que no pidas nada que deteste, pues en este caso, al introducir en la boca el alimento en cuestión, un sentimiento de ternura inherente al rechazo de ese plato por tu niño/a te impregnará, haciéndote sentir de la misma manera, y consiguiendo llegar así a una de las peores situaciones: sentirte completamente identificado.

No obstante, algo tengo que decir en defensa de esto último, y es que si eso pasa cuando, por simpatía, te entran náuseas al probar las almejas a la marinera, imagínate lo que puede suceder si, por el contrario, te da por pedir su postre favorito: ensalada de mango, con su plátano y su mandarina hecha gajitos y bien regada de azúcar y limón. Si llegado a este punto, decides no hacerme caso, deberás atenerte a las consecuencias... La primera cucharada te hará sonreír recordando con melancolía el sabor de sus mejores besos, la segunda, te traerá a la memoria que hace mucho que no los pruebas, la tercera..., en la tercera te temblará el labio. En la cuarta, soltarás la cuchara con rabia y beberás agua, para disimular. Respirarás hondo. Al fin y al cabo estás en un restaurante ¿Qué pensarían de ti si supieran que empiezas a hacer pucheros por culpa de una macedonia? Así que coges aire y lo sueltas por la nariz, cerrando los ojos. Suspiras. Acaricias la cuchara. Te recuerda su piel. Miras y continuando con el devenir del cubierto, vas a parar al zumo y a la fruta jugosa. Entonces es cuando no te das cuenta. De repente, en el jugo comienzan a aparecer ondas concéntricas. Primero una, solitaria, luego aparecen más, nuevas. Son gotas de lluvia que vienen de tu cabeza.

Te lo advertí. Su sabor es una de las cosas a evitar. El tercero de los mandamientos para no echar de menos.

4.- Intenta olvidarte del sexo. Puedes conseguirlo. Piensa que esa zona de tu cuerpo se ha evaporado, flota en el limbo, como un nonato. ¿Sonríes? Sí, es cierto, quizá sea una propuesta un poco ilusa, sí, ahora que lo dices, yo también me estoy riendo..., pero ¿qué solución encontrar entonces? Si las ganas te arrebatan y no está, nada sirve. Mata las ganas, pues..., pero, ¿cómo? A ver, se me ocurre a bote pronto que lo que est
á claro es que hay ciertos elementos indispensables a evitar: voz, imagen y olor. En el caso de ponerte en contacto con alguno de estos elementos, ten por seguro que sí, sucumbirás. Y no hay peor hambre que la del hambriento de ausencias, ni peor sed, que la del sediento de hambre. Advertido estás...

5.- Como quinta y última instrucción, se me ocurre que olvides su boca. Bórrala de las fotos, de tu mente, de su distancia. Esa boca que besa, la que habla y ronronea. La perfecta e imperfecta, la acoplable, la bebible, la mimética. La que muerde, la que araña, la que pega, la que te mata de dulce, la que te traga vida pero calma las sedes. Esa que regala tormenta y calla cuando está como ausente.

Y llegados a este punto, sólo me queda decir, que si me leo y releo pienso que para no echar de menos debo dejar de oír música, no leer, evitar casi el comer, olvidar el sexo y, sobre todo, tu boca. Creo que la única manera de no echar de menos, pues, es no queriendo o muriendo. Y vamos a ver..., ¿quién puñetas quiere eso?

Ángela Torrijo Arce

dijous, 12 de febrer de 2009

Me tienes tan

diumenge, 8 de febrer de 2009

Harry: I've been doing a lot of thinking, and the thing is, I love you.
Sally: What?
Harry: I love you.
Sally: How do you expect me to respond to this?
Harry: How about, you love me too.
Sally: How about, I'm leaving.
Harry: Doesn't what I said mean anything to you?
Sally: I'm sorry, Harry. I know it's New Year's Eve. I know you're feeling lonely, but you just can't show up here, tell me you love me, and expect that to make everything all right. It doesn't work this way.
Harry: Well, how does it work?
Sally: I don't know, but not this way.
Harry: How about this way? I love that you get cold when it's 71 degrees out. I love that it takes you an hour and a half to order a sandwich. I love that you get a little crinkle above your nose when you're looking at me like I'm nuts. I love that after I spend the day with you, I can still smell your perfume on my clothes. And I love that you are the last person I want to talk to before I go to sleep at night. And it's not because I'm lonely, and it's not because it's New Year's Eve. I came here tonight because when you realize you want to spend the rest of your life with somebody, you want the rest of your life to start as soon as possible.
Sally: You see? That is just like you, Harry. You say things like that, and you make it impossible for me to hate you, and I hate you, Harry. I really hate you. I hate you.

dimecres, 4 de febrer de 2009




La cama se me hace grande, y sé que siempre ha sido igual, pero sólo doy vueltas y no estás, no te encuentro, y tu lado de la cama siempre está vacío, y el sol me ciega y no puedo dormir, y no tengo tu pecho para esconderme, no veo tus ojos mirándome cuando me despierto, ni me despierto oyendo como me dices que hoy hace un día fantástico, ni me dices que llegarás tarde pero que no te quieres ir, ni me abrazas mientras te pones mi albornoz, ni desayunamos juntos sentados en la cama, ni nada.
Ni nada.
Y la cama es demasiado grande, mierda.

diumenge, 1 de febrer de 2009


No he buscado a nadie, llevo días buscándome yo.

dimecres, 28 de gener de 2009

Mé iré, lejos, muy lejos, pero siempre te llevaré conmigo, te lo prometo. Cuando sea una viejita arrugada felizmente casada con el hombre de mi vida, de vez en cuando, entre mis recuerdos de tiempos mejores aparecerá tu cara, y sonreiré mucho, mientras el viejito arrugado de al lado refunfuñará "vaya mujer, después de 60 años pensando todavia en el rubio que se llevó la mitad de su corazón."